Quién diría, los sueños realmente impulsan, sostienen y revelan.
Estoy despierta, cuando debiera estar dormida, pero resulta que acabo de tener un sueño revelador y aprovechando la facilidad de tener una computadora en mi cuarto por la bondad de mis hijos (Aaron y Esther) me levanté en el medio del silencio y la obscuridad para escribir.
Tuve un sueño, en el cuál recordé, la mujer que un día fui, lo más espectacular de este sueño fue, que a pesar de los últimos acontecimientos en mi vida, pude ver en el sueño la frescura, la alegría y la fuerza en mi rostro. Saben? hacía mucho tiempo que no miraba esas características en mi, sólo podía ver las líneas que el paso del tiempo ha dejado en él. Pero soñar esto creo que se debe a tres acontecimientos específicos en mi vida: Una encuesta, una respuesta y el enfrentamiento con la realidad desde un lugar seguro.
Desde que llegué a esta ciudad, fui recibida con cariño e interés cual hacía mucho tiempo no sentía hacia mi persona y dentro de esas muestras de cariño fui invitada a trabajar haciendo encuestas, una de las preguntas de la encuesta decía cómo ve a México en la actualidad económicamente hablando, mejor o peor? y la siguiente pregunta decía; cree que para el siguiente año la situación mejore o empeore o siga igual? y pude ver cómo las condiciones y circunstancias que rodeaban a las personas dictaban su respuesta, llegó un momento en que casi podía adivinar antes de hacer la pregunta lo que la gente respondería de acuerdo a lo que mis ojos veían, pero noté algo que fue importante y clave para llegar a este momento de mi vida; la gente joven a pesar de las circunstancias que los rodeaban veían que las cosas iban a mejorar, que la gente mayor se ha rendido, que no ha perdido la guerra pero que ya se cansó de pelear.
El último acontecimiento tiene que ver con mi realidad; ayer tuve un ligero enfrentamiento conmigo misma en una discusión entre esposos y me dí cuenta que nada puedo hacer ya por el pasado y las cosas que ocurrieron en él, lo cual me dejó sumamente triste y creo que fue lo que me provocó soñar.
Me acosté tarde, cansada y muy triste, mis ojos habían estado llorando mucho y mi corazón realmente se sentía abatido, pero en el sueño (que es la segunda vez que lo sueño) me veía detrás de un micrófono, con la cara joven y sonriente, con una convicción al hablar acerca de lo que estaba hablando y pude ver la mujer que un día fui; fresca, alegre y fuerte. El sueño se ubica en una etapa de mi vida donde fui muy feliz y me sentía enfocada, anunciaba un libro que me había gustado mucho y el cual recomendaba ampliamente y cuando desperté, me dí cuenta de que he dejado de hacer muchas cosas que hacía con regularidad y que VOY A RETOMAR, porque he descuidado a esa mujer que un día fui. Una mujer que se apasionaba con un libro y que se cultivaba, una mujer que creía en sí misma, en lo que estaba haciendo, una mujer que compartía a los demás de lo que aprendía.
Cómo puedo esperar gustarle a los demás si no me gusta a mi misma lo que miro en el espejo y mucho menos lo que hay detrás de las líneas del tiempo.
Así que me levanté en medio de la noche y decidí escribir mi sueño y mi condición actual, intentando con esto dejar una marca como la segunda huella en el avance de la segunda parte del resto de mi vida.
Quién diría, los sueños no sólo se hacen realidad, sino que los sueños a veces fueron la realidad que nos hace falta recordar para encontrar nuevamente el camino y volver a ser: La mujer que un día fui.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario